12 oct 2013
Me gustaría
equivocarme,
él no me
mira.
No me mira
al pasar
ni me mira
al caminar.
No me mira
cuando hablo
o cuando
lo escucho hablar.
Tampoco me
mira de lejos
o aunque
sea de reojo,
ni siquiera
cuando me le acerco.
No me mira
por delante,
tampoco por
detrás.
No aprovecha
cuando me distraigo
o cuando
más atenta estoy.
Quizás el
error es mío,
porque yo a
él lo miro demasiado
y esto
no es un dato menor
porque él a
mi no me mira
y esto ya me
empieza a disgustar.
No vaya a
ser que un día de estos
yo lo deje
de mirar
y él me
mire demasiado
pero yo ya
esté lejos para notarlo.
23 ago 2013
¿Y no te das cuenta?
Te miro y me sonrojo,
me hablas y me derrito,
te escucho y lo noto:
sos el rey de mis caprichos.
Te busco y me entretengo,
te extraño cuando te vas,
te sigo en cada movimiento,
no te quiero dejar marchar.
te extraño cuando te vas,
te sigo en cada movimiento,
no te quiero dejar marchar.
A veces siento que es correspondido
este deseo de tenerte para mi,
hasta que algo me devuelve al inicio
de tenerte a mil galaxias de mi sentir.
este deseo de tenerte para mi,
hasta que algo me devuelve al inicio
de tenerte a mil galaxias de mi sentir.
Cada día me cuesta más disimular lo que siento,
me vuelvo torpe y nerviosa cuando estás,
me pregunto si alguna vez se producirá el encuentro,
el momento en el que deje a mi corazón hablar.
me vuelvo torpe y nerviosa cuando estás,
me pregunto si alguna vez se producirá el encuentro,
el momento en el que deje a mi corazón hablar.
13 mar 2013
Alguien como vos
Alguien con quien equivocarse,
que no me deje pensar y me obligue sentir.
Alguien con quien recuperar mi impulsividad, esa
que perdí.
Alguien que me busque y me encuentre,
de quien no quiera esconderme y que lo deje
seguir.
Alguien sin muchas vueltas y con poca timidez,
Que haga el trabajo fino pero seguro de él, seguro
de mí.
Alguien que me llame, que se muera por verme,
alguien a quien extrañe y deseé de verdad.
Alguien que nunca tuve o alguna vez creí tener.
Alguien de verdad.
Alguien como vos (donde quiera que estés…)
30 sept 2012
TODAS LAS MENTIRAS TIENEN PATAS CORTAS...
Una gran mentira es
como un gran pez en tierra; podrá agitarse y dar violentos coletazos, pero no
llegará nunca a hacernos daño, no tenemos más que conservar la calma y acabará
por morirse.
En los últimos tiempos, las mentiras han
invadido por completo nuestra vida pública y, por qué no, la privada también. Mentimos
por conveniencia, por ejemplo cuando nos agregamos o quitamos edad para tener
acceso a determinados lugares; también mentimos por cortesía, como cuando
alguien se realiza un corte de pelo y nos pide una opinión y para que no se
sienta mal le decimos que le queda bien; llegamos a mentir por vergüenza o miedo
a no ser aceptados en ciertos ámbitos, y hasta sólo por diversión, porque quién
no se divirtió haciéndole creer alguna mentira a un amigo y mientras éste caía
inocentemente nosotros estallábamos de risa. Es así, mentimos porque en el
fondo nos gusta, y lo hacemos rutinariamente sin problemas ni culpas porque la
mentira está socialmente aceptada. Hasta en los medios públicos y masivos: sabemos
que escuchamos mentiras en los discursos políticos y leemos mentiras en los
diarios y revistas. Lo más grave es que terminamos por mentirnos a nosotros
mismos. La pregunta es: ¿cuánto tiempo puede sostenerse una farsa?
La mentira, como todo, tiene fecha de
caducidad. Así es, la mentira tiene “patas cortas” y no llega muy lejos, ya que
para poder sostenerla uno tiene que poseer muy buena memoria y alterar los
hechos porque, como bien sabemos, los hechos hablan por sí solos y terminan por
aniquilar las mentiritas que formulamos con toda intención. Y eso sí se
convierte en un verdadero caos, no hay nada más incómodo y embarazoso para el
mentiroso que la verdad develada. Aquí toma sentido lo que desde chiquitos ante
una travesura tramposa nos decían nuestros padres y abuelos: “el que miente
nunca llega a buen puerto”. Y esto es cierto porque, una vez descubierta su
mentira, al embustero sólo le queda seguir falseando la verdad para defenderse,
cuando en realidad una vez “desenmascarado” ya es demasiado tarde para salvar
su reputación, la cual queda manchada por ser un mentiroso.
Por último y haciendo referencia al proverbio
del epígrafe, tengamos en cuenta que mentir puede sacarnos de un apuro,
ayudarnos a conseguir algo que deseamos, dejar contenta a otra persona y hasta
convertirnos en quienes no somos y nos gustaría ser, pero tampoco nos olvidemos
que “más rápido se atrapa al mentiroso que al cojo” y que la mentira no dura
por siempre ni aunque juremos llevárnosla a la tumba; porque todo, en algún
momento, sale a la luz y el barquito de carga de mentiras termina por hundirse,
hundiéndonos a nosotros mismos.
28 sept 2012
UN RECUERDO OLVIDADO
El
despertador sonó como cada día a las 6.30 a .m. y a Juliana se le pasaron miles de
excusas y mentiras por la cabeza para justificar una ausencia al trabajo;
aunque vaciló por unos segundos, finalmente decidió que eso no era honesto ya
que iba en contra de sus principios. Con la rectitud que hacía años la
caracterizaba, se levantó y procedió a cumplir con su rutina diaria. Al mirarse
al espejo se le hicieron evidentes los treinta y siete años que le pesaban en
el contorno de sus ojos y en la repentina aparición de un mechón blanco de
cabello que se empeñaba en tapar. Miró a su alrededor y al observar el retrato
que tenía desde hacía años en la repisa de su cuarto, se preguntó dónde había
quedado aquella chica llena de vida e ilusiones que hoy desconocía. Mientras se
cepillaba los dientes notó el cambio de expresión en su rostro y pensó cómo era
posible que la vida recayera de esa manera sobre algunas personas. Desayunó una
taza de café y dos tostadas; para escoger un atuendo tuvo en cuenta la humedad
del día, luego se maquilló lo justo y necesario para tapar sus ojeras, e
intentó bajarse el friz que acechaba sobre su corta cabellera ondulada. Una vez
lista tomó su cartera y salió de su casa rumbo a la oficina procurando no
olvidarse de sus objetos personales. Se quedó unos instantes parada en el lobby
del edificio repasando todo lo que debía haber hecho antes de salir de su casa,
y una vez que verificó todo en su memoria, se marchó a trabajar. Debía tener
todo bajo control, por lo que le costaba mucho disfrutar de las cosas, ya no
recordaba cuándo había sido la última vez que lo había hecho.
Salió
de su departamento en San Isidro a las 7:30 y 7.45 llegó a la estación para
tomar el tren, como todos los días, rumbo a Retiro. Al observar la multitud de
gente amontonada a lo largo de los cuatro vagones recordó el alboroto de las
gallinas que su abuelo poseía en Carmen de Areco. Así la nostalgia por aquella
infancia tan feliz y lejana atravesó su mejilla dejando en evidencia una línea
húmeda que iba desde su ojo derecho hasta el comienzo de su labio superior. Se
escapó de esos recuerdos cuando advirtió la posibilidad de sentarse ante el
rápido descenso de pasajeros en la estación Belgrano. Se acomodó al lado de una
mujer que evidenciaba muchas lunas debajo de su sobretodo y no pudo evitar
rememorar cuánto había deseado ser madre hacía unos pocos años atrás.
Sentada,
Juliana podía contemplar desde otro ángulo las caras de cansancio y fastidio de
las personas que subían y bajaban del tren rumbo a sus respectivos destinos.
Estaban los de siempre, aquellas personas con las que a diario cruzaba bostezos
en su rutina de 45 minutos, pero también había caras nuevas que para ella
subían por primera vez al tren. Se entretenía imaginando lo que esas personas ocultaban,
cuáles serían sus historias, qué secretos guardarían. Ella creía con total
certeza que todos, absolutamente todos los individuos tenían sus secretos,
aquellos pequeños o grandes asuntos de sus vidas que por alguna razón se
empeñaban en mantener ocultos, protegidos de la intromisión de otras personas.
Juliana hacía este ejercicio con recuerdos que había elegido reprimir jurándose
no volver a recordarlos. Así controlaba todo, o eso era lo que creía, ya que no
pudo prever que en ese día húmedo y pesado iba a toparse con su recuerdo más
oculto, aquella parte de su vida que quiso tirar al olvido para no morir de
nostalgia.
Seguía
perdida en sus pensamientos mientras pasaba las manos sobre su falda haciendo
movimientos verticales, despojando al satín negro de cualquier imperfección que
pudiese poseer, ese gesto era gráficamente lo que ella hacía en su mente:
barría fuera de su conciencia todos aquellos recuerdos que la estorbaban, que
desalineaban su vida perfecta y pulcra. Tuvo que interrumpir su accionar para
dejar pasar a la mujer embarazada que estaba a su lado y ocupar ese lugar
cediéndole el suyo a una mujer de cabello blanco. Ahora Juliana miraba por la
ventana el desorden de la estación provocado por la prisa de la gente y una vez
más el anhelo de una vida tranquila y alejada se reflejaba en sus ojos. Se
quedó tildada observando la astucia de un vendedor de DVD, hasta que el caminar
pausado de un hombre de traje gris llamó su atención. Ese porte se le hacía
familiar, y cuando finalmente pudo ver su rostro comprobó que efectivamente era
él quien estaba pasando a su lado, esa parte de su pasado que había jurado no
recordar. Vio subirse al mismo vagón en el que se encontraba ella a esa persona
que tan importante había sido en su vida, esa misma persona que un día decidió
dejarla atrás y marcharse de su lado. Su corazón comenzó a acelerarse y sintió
que el destino les estaba jugando una mala pasada.
Llovía
torrencialmente pero sus sediciosos dieciséis años le prohibían quedarse un
viernes sola en su casa, así que se calzó sus zapatillas desalineadas, agarró
el único paraguas que quedaba en la casa y Juliana cruzó el umbral de la
entrada. Se la pasó saltando charcos y arreglando el paraguas que se le doblaba
como rebelándose ante su inconsciencia de salir con semejante tormenta
asechando la ciudad. En un acto impulsivo lo tiró al costado de una vidriera y
corrió a resguardarse bajo del techo del negocio. Las personas amontonadas en
ese lugar sólo comentaban acerca de la inundación y de cómo iban a hacer para
llegar a sus hogares. Juliana no se había percatado de ese detalle ni del
escándalo que le armarían sus padres cuando se enterasen de que habían salido
de su casa con semejante clima. En eso estaba recapacitando cuando se acercó un
chico de no más de dieciocho años para pedirle fuego. Ella lo miró y con un
gesto negativo, propio de quien jamás antes había probado un cigarrillo, trató
de despacharlo. Se llamaba Manuel y efectivamente tenía dieciocho años recién
cumplidos; le contó que estaba luchando por terminar el último año del
secundario, que tenía dos hermanas con las que apenas hablaba y que bajo ese
techo era donde cada viernes se juntaba con sus amigos. Él hablaba pero Juliana
no decía nada, todavía no entendía qué era lo que había motivado a Manuel para
acercarse y comenzarle a contar acerca de su vida. Él contestaba las preguntas
que Juliana no formulaba. Lo cierto es que con su simpatía e insistencia le
“ganó por cansancio”, como solía bromear ella, provocando que cada viernes
Juliana fuera a ese mismo negocio para verlo y se hicieran inseparables. Así
los días se hicieron semanas, las semanas meses y ellos habían logrado afianzar
un noviazgo, el primer y único noviazgo en el que Juliana amó con sinceridad,
el noviazgo en el que Juliana se hizo mujer. Es que jamás hubiera imaginado que
aquel día debajo de ese techo iba a marcarse un “antes” y un “después” es su
vida.
Juliana
miró hacia los extremos del vagón sin saber qué hacer, inclinándose hacia el
lado derecho logró observar la nuca de Manuel y volvió a temblar como una
adolescente, maldiciendo la inutilidad de tantos años de seguridad y autocontrol.
Vio que abrió el periódico, ella se detuvo tratando de observar sus manos, esas
manos grandes y cálidas que tanto extrañaba. Y no pudo evitar pensar en sus
abrazos y su manera de tocarla, cómo recorría su cuerpo con delicadeza y
respeto provocando en ella la mayor de las satisfacciones. Rápidamente miro sus
pies, esperando a que no estuviesen quietos como estaban, entonces pensó que ya
la ansiedad no era una característica de su personalidad.
El
temblor que producían sus piernas por debajo de la mesa a Juliana la ponía
nerviosa. Él parecía no notarlo porque no hacía nada por detenerse, hasta que
la mano de ella posada en su rodilla lo calmó. Hacía ya cinco años que estaban
de novios, y a pesar de sus desencuentros, productos de la poca paciencia de
Juliana y el carácter tan particular de Manuel, seguían juntos y enamorados
como el primer día. Ella lo veía perfecto, como un príncipe, su príncipe,
aunque no negaba cuánto le molestaban sus ataques de nervios y lo reservado que
era con sus asuntos. Juliana siempre notó cuánto esto dificultaba su relación,
pero creía que con el amor solo bastaba, que lo que sentían iba a ser más
fuerte que cualquier conflicto, que verdaderamente estaban hechos el uno para
el otro y que ni la muerte iba a poder separarlos. Es que no podía ser de otra
manera si se veían y sus ojos se iluminaban provocando que sus cuerpos se
atrajeran como dos imanes incapaces de romper su magnetismo. Ella sabía que esa
química y el deseo constante que le producían sus labios al acercársele no era
simplemente pasión. Había algo más, algo que jamás volvió a encontrar en otro
cuerpo.
Aún
no salía de su sorpresa, no podía creer que el que estaba allí sentado a solo
dos asientos delante de ella era Manuel, su gran amor. Decidió cerrar los ojos
y darle otra oportunidad al destino al abrirlos y comprobar que tan solo era un
engaño de su mente cansada de tantas murallas, o de su corazón cansado de tanto
sufrimiento. Pero eso no sucedió, Manuel seguía allí sentado, más hombre y tan
apuesto como siempre. Estaba igual a la última vez que lo había visto, hacía
quince años atrás, ese día en el que dijo adiós y no volvió a saberse de él. Se
preguntaba si esta era una nueva oportunidad que le estaba dando la vida para
volver a ser feliz a su lado, para esta vez cuidarlo y no dejarlo ir. Al fin y
al cabo ella había sido injusta, enojarse de esa manera no había sido la
decisión correcta. Interrumpió su reflexión el chirrido que anunciaba el arribo
a la estación Lisandro de la torre marcándole a Juliana que le restaban tres
minutos, antes de llegar a destino, para decidirse qué hacer.
Con
la determinación que en algún momento de su vida la caracterizó, se paró
decidida a saludarlo y demostrarle que no lo había olvidado. Una vez que logró
pasar a la señora mayor que tenía a su lado (quien había observado extrañada
durante todo el camino el comportamiento de Juliana) se acercó a Manuel y con
la ansiedad reflejada en su sonrisa extendió su mano temblorosa para tocarle el
hombro, pero su intención se vio interrumpida por el brusco freno del tren
provocado por la imprudencia de un individuo, haciendo que la inercia la
desplazara hacia adelante chocándose con una adolescente. Ese golpe le recordó
la peor desgracia que había vivido en su vida, devolviéndola al presente y a la
realidad. Con ese freno, el choque y su dolor, Juliana volvió a ver a Manuel,
de tan sólo veinticuatro años, tirado en el pavimento, teñido de sangre.
15 jun 2012
HISTORIA DE UN INMIGRANTE
Esto lo escribí hace un par de años a partir de una consigna para la escuela. Creo y siento que hoy es una buena oportunidad para volver a compartirlo, ya que es un claro homenaje a mi nonno que ayer decidió ir a reencontrarse con aquellos amores que algún día tuvo que despedir.
Esta hisotria me la contaste vos y te emocionó leerla cuando la plasmé en un papel, por eso la vuelvo a compartir para que todos te conozcan y sepan lo grandioso que eras...
Ella lo vio partir y sintió como si la guerra aún no hubiese terminado y le quitase su propia vida. Cuando lo despidió, supo que por mucho tiempo sólo una foto enmarcada en el lugar más importante de la casa iba a recordarle a su hijo.
Él tomó la decisión y esperó la resignación de su madre, sabiendo que marchándose no sólo la dejaba a ella, sino también a una querida hermana ahora resentida con aquella “bendita” Argentina que le quitaba a su hermano.
Esa Italia querida ya no la sentía parte de él. Sabía que nunca olvidaría todo lo que vivió allí, ni mucho menos las veces que se arriesgaba en pleno bombardeo yendo a los campos en busca de alimentos. Pero eso ya no le pertenecía.
Él anhelaba con llegar a la “gran metrópolis” e independizarse, sabía que iba a ser difícil, pero su ambición era más fuerte que sus temores.
Esos interminables días en el barco sólo aumentaban su ansiedad e ilusión de encontrar en “el cono de la abundancia” trabajo, prosperidad y bienestar. No tuvo miedo cuando desembarcó en Cruz del Eje, pero sí una disimulada angustia que despertó al darse cuenta que se encontraba solo en un lugar desconocido.
Ella desde lejos lo presentía, pero su cara húmeda de nostalgia le recordaba, al mirar el retrato, que no le era indiferente a los deseos de su hijo, y sabía que por su carácter iba a lograr salir adelante.
No tardó mucho tiempo en arreglárselas para trabajar de lo que él hacía en su Patria, había logrado estabilizarse y reencontrarse con sus paisanos. Pero él quería más, ansiaba con llegar a más.
Siempre tuvo esas ideas de “grandeza”, la vida de pueblo nunca había sido para él, y ella lo sabía, por eso lo dejó alejarse.
Adaptarse a la ciudad no le fue fácil, allí experimentó sus primeras desilusiones ante la ausencia de un lugar para vivir. Pensaba en ella y en lo que sufriría viéndolo dormir en una casilla de madera arriba de una terraza, él que había emigrado voluntariamente buscando un futuro mejor.
Ella recibía sus cartas y las atesoraba. En ellas podía leer su melancolía.
Él le dibujaba la Argentina como un lugar distinto, lleno de posibilidades.
Lo cierto es que solo, tuvo que hacer frente a los primeros golpes que se le presentaron. Pero su suerte cambió cuando encontró un lugar estable en donde trabajar de su oficio de carpintero. Quién iba a imaginar que ese lugar sería el primer enlace de su futuro.
Ella se tranquilizó al recibir noticias de él, su letra le trasmitía seguridad y esperanza.
Cómo iba a imaginar que la hija de su querido patrón, aquella muchacha fuerte y determinante, iba a ser de quien se enamore.
Ella confió y su espera no fue en vano. Luego de dieciséis años volvió a ver a su hijo, ahora un hombre realizado, padre y esposo. Ya no le lloraría a un retrato. Le siguieron visitas de él con cada uno de sus siete hijos, con quienes revivía, al despedirlos, el dolor de aquel día en que su hijo zarpó.
Esta hisotria me la contaste vos y te emocionó leerla cuando la plasmé en un papel, por eso la vuelvo a compartir para que todos te conozcan y sepan lo grandioso que eras...
Ella lo vio partir y sintió como si la guerra aún no hubiese terminado y le quitase su propia vida. Cuando lo despidió, supo que por mucho tiempo sólo una foto enmarcada en el lugar más importante de la casa iba a recordarle a su hijo.
Él tomó la decisión y esperó la resignación de su madre, sabiendo que marchándose no sólo la dejaba a ella, sino también a una querida hermana ahora resentida con aquella “bendita” Argentina que le quitaba a su hermano.
Esa Italia querida ya no la sentía parte de él. Sabía que nunca olvidaría todo lo que vivió allí, ni mucho menos las veces que se arriesgaba en pleno bombardeo yendo a los campos en busca de alimentos. Pero eso ya no le pertenecía.
Él anhelaba con llegar a la “gran metrópolis” e independizarse, sabía que iba a ser difícil, pero su ambición era más fuerte que sus temores.
Esos interminables días en el barco sólo aumentaban su ansiedad e ilusión de encontrar en “el cono de la abundancia” trabajo, prosperidad y bienestar. No tuvo miedo cuando desembarcó en Cruz del Eje, pero sí una disimulada angustia que despertó al darse cuenta que se encontraba solo en un lugar desconocido.
Ella desde lejos lo presentía, pero su cara húmeda de nostalgia le recordaba, al mirar el retrato, que no le era indiferente a los deseos de su hijo, y sabía que por su carácter iba a lograr salir adelante.
No tardó mucho tiempo en arreglárselas para trabajar de lo que él hacía en su Patria, había logrado estabilizarse y reencontrarse con sus paisanos. Pero él quería más, ansiaba con llegar a más.
Siempre tuvo esas ideas de “grandeza”, la vida de pueblo nunca había sido para él, y ella lo sabía, por eso lo dejó alejarse.
Adaptarse a la ciudad no le fue fácil, allí experimentó sus primeras desilusiones ante la ausencia de un lugar para vivir. Pensaba en ella y en lo que sufriría viéndolo dormir en una casilla de madera arriba de una terraza, él que había emigrado voluntariamente buscando un futuro mejor.
Ella recibía sus cartas y las atesoraba. En ellas podía leer su melancolía.
Él le dibujaba la Argentina como un lugar distinto, lleno de posibilidades.
Lo cierto es que solo, tuvo que hacer frente a los primeros golpes que se le presentaron. Pero su suerte cambió cuando encontró un lugar estable en donde trabajar de su oficio de carpintero. Quién iba a imaginar que ese lugar sería el primer enlace de su futuro.
Ella se tranquilizó al recibir noticias de él, su letra le trasmitía seguridad y esperanza.
Cómo iba a imaginar que la hija de su querido patrón, aquella muchacha fuerte y determinante, iba a ser de quien se enamore.
Ella confió y su espera no fue en vano. Luego de dieciséis años volvió a ver a su hijo, ahora un hombre realizado, padre y esposo. Ya no le lloraría a un retrato. Le siguieron visitas de él con cada uno de sus siete hijos, con quienes revivía, al despedirlos, el dolor de aquel día en que su hijo zarpó.
28 ene 2012
RULETA RUSA
Aquí estás, ya te ves, disparando una vez más.
Parece que realmente te gusta este juego perverso de girar la ruleta y ver a quién le toca perder (porque en este juego siempre se pierde, aunque te cueste entender).
Yo que trato de esquivar tus balas, a veces no hay chaleco de fuerza que resista.
Por momentos me pregunto si medís el riesgo de tu dedo sobre el gatillo. Tus balas pueden ser de plomo, goma o hasta de puro gas, pero el impacto, a fin de cuentas, termina siendo el mismo.
En cada aparición (porque no hay otra forma de definirlo) haces girar la ruleta sin piedad, y yo empiezo a temblar. Y es que es tan retorcido esto que pasa, que no te deja ver el daño colateral, eso que queda, eso que nunca se va…
¿Quién te invita a decirme en tus, cada vez más aislados “regresos”, lo que prometes que serán tus “últimas palabras”? ¿Acaso me dejas elegir entre la posibilidad de creerte o no?
Siempre me detengo a pensar, a analizar, a tratar de entender por qué lo haces, qué es lo que tanto te gusta de este juego. Es luego de esa especie de zumbido molesto que deja el ruido del disparo que me desestabiliza, que me siento débil, bajo los brazos y ya no trato de entender tus movimientos.
Me suele dar miedo la forma en que agarras el arma, a veces pareces tan seguro y otras demostras estar tan perdido… Si supiese cuál es tu estrategia, o si tuviese la seguridad de que harías algo para salvarme... pero no, sé que mi vida corre riesgo, pues la perdería antes de que te animases a jugártela por mí.
Ya ves, juego teniendo las reglas claras, juego eligiendo cómo jugar, juego deseando hacerlo. Juego con conciencia, porque te conozco y sé qué esperar y, sobre todo, que NO debo esperar de vos.
Quién te dice que el arma, finalmente, la termine manipulando yo.. y es que, vamos, seamos sinceros, cada vez estoy jugando mejor…
Parece que realmente te gusta este juego perverso de girar la ruleta y ver a quién le toca perder (porque en este juego siempre se pierde, aunque te cueste entender).
Yo que trato de esquivar tus balas, a veces no hay chaleco de fuerza que resista.
Por momentos me pregunto si medís el riesgo de tu dedo sobre el gatillo. Tus balas pueden ser de plomo, goma o hasta de puro gas, pero el impacto, a fin de cuentas, termina siendo el mismo.
En cada aparición (porque no hay otra forma de definirlo) haces girar la ruleta sin piedad, y yo empiezo a temblar. Y es que es tan retorcido esto que pasa, que no te deja ver el daño colateral, eso que queda, eso que nunca se va…
¿Quién te invita a decirme en tus, cada vez más aislados “regresos”, lo que prometes que serán tus “últimas palabras”? ¿Acaso me dejas elegir entre la posibilidad de creerte o no?
Siempre me detengo a pensar, a analizar, a tratar de entender por qué lo haces, qué es lo que tanto te gusta de este juego. Es luego de esa especie de zumbido molesto que deja el ruido del disparo que me desestabiliza, que me siento débil, bajo los brazos y ya no trato de entender tus movimientos.
Me suele dar miedo la forma en que agarras el arma, a veces pareces tan seguro y otras demostras estar tan perdido… Si supiese cuál es tu estrategia, o si tuviese la seguridad de que harías algo para salvarme... pero no, sé que mi vida corre riesgo, pues la perdería antes de que te animases a jugártela por mí.
Ya ves, juego teniendo las reglas claras, juego eligiendo cómo jugar, juego deseando hacerlo. Juego con conciencia, porque te conozco y sé qué esperar y, sobre todo, que NO debo esperar de vos.
Quién te dice que el arma, finalmente, la termine manipulando yo.. y es que, vamos, seamos sinceros, cada vez estoy jugando mejor…
15 oct 2011
Amor incondicional
Fue amor a primera vista, de eso no hay dudas.
Yo te conocía desde antes de nacer y vos te imaginabas cómo sería el tenerme entre tus brazos.
Desde un principio me aceptaste como soy, con lo que te gusta y lo que no de mí.
Sin poner condiciones tomaste la decisión de acompañarme por el resto de tu vida.
Me diste la mano para que comenzara a caminar, pero supiste (y sabés) frenarme cuando ves que voy demasiado rápido.
Me seguís en cada decisión que tomo, aunque no siempre sea lo que vos deseas.
Asistís a cada logro que consigo, y sentís el dolor de cuando estoy triste, como si fuese tuyo.
No me dejás sola, aunque estés en miles de lugares a la vez.
Me festejas los buenos resultados, y me sermoneas cada vez que crees oportuno el que aprenda de qué se trata en realidad la vida.
Pusiste tus brazos para amortiguar mis caídas, a pesar de que después entendiste que es bueno que “me mande sola” y me golpee de vez en cuando.
Me enseñas a tener los pies sobre la tierra, y sin embargo me mostrás la importancia de volar por un sueño.
Aunque te preocupa mi futuro, depositas mucha fe y confianza en mí.
Me das la fuerza que necesito, hasta cuando vos sentís que ya no podes más.
Me enseñaste todo lo que sé (hasta a estudiar, aunque digas lo contrario).
Y lo más increíble de todo es que aún ahora, mientras aprendo a ser "adulta", me seguís enseñando a través de tu ejemplo.
Te admiro y quiero profundamente, y sé que siempre va a ser así, porque como me dijiste vos un día: “el amor de una madre a sus hijos es incondicional”.
Yo te conocía desde antes de nacer y vos te imaginabas cómo sería el tenerme entre tus brazos.
Desde un principio me aceptaste como soy, con lo que te gusta y lo que no de mí.
Sin poner condiciones tomaste la decisión de acompañarme por el resto de tu vida.
Me diste la mano para que comenzara a caminar, pero supiste (y sabés) frenarme cuando ves que voy demasiado rápido.
Me seguís en cada decisión que tomo, aunque no siempre sea lo que vos deseas.
Asistís a cada logro que consigo, y sentís el dolor de cuando estoy triste, como si fuese tuyo.
No me dejás sola, aunque estés en miles de lugares a la vez.
Me festejas los buenos resultados, y me sermoneas cada vez que crees oportuno el que aprenda de qué se trata en realidad la vida.
Pusiste tus brazos para amortiguar mis caídas, a pesar de que después entendiste que es bueno que “me mande sola” y me golpee de vez en cuando.
Me enseñas a tener los pies sobre la tierra, y sin embargo me mostrás la importancia de volar por un sueño.
Aunque te preocupa mi futuro, depositas mucha fe y confianza en mí.
Me das la fuerza que necesito, hasta cuando vos sentís que ya no podes más.
Me enseñaste todo lo que sé (hasta a estudiar, aunque digas lo contrario).
Y lo más increíble de todo es que aún ahora, mientras aprendo a ser "adulta", me seguís enseñando a través de tu ejemplo.
Te admiro y quiero profundamente, y sé que siempre va a ser así, porque como me dijiste vos un día: “el amor de una madre a sus hijos es incondicional”.
MUY FELIZ DÍA, MAMÁ.
29 jul 2011
Lo que sabemos vos y yo
Lo que sabemos vos y yo,
nunca nadie lo sabrá.
Es un secreto que guardamos
los dos en complicidad;
Lo que nos va a unir por siempre
a pesar de todo;
Lo que muchos tachan
por ser algo “loco”;
Lo que lleva a buscarnos
y a siempre encontrarnos;
Es una circunstancia, un motivo
y hasta una explicación;
Es algo que trata de justificar
nuestra forma de actuar.
Lo que sabemos vos y yo perdurará,
a pesar de nuestras elecciones y andar;
La vida nos llevó a un nuevo lugar,
otros rumbos, diferente caminar.
A pesar de creer que ya no nos conocemos más,
lo que sabemos vos y yo nunca va a cambiar.
nunca nadie lo sabrá.
Es un secreto que guardamos
los dos en complicidad;
Lo que nos va a unir por siempre
a pesar de todo;
Lo que muchos tachan
por ser algo “loco”;
Lo que lleva a buscarnos
y a siempre encontrarnos;
Es una circunstancia, un motivo
y hasta una explicación;
Es algo que trata de justificar
nuestra forma de actuar.
Lo que sabemos vos y yo perdurará,
a pesar de nuestras elecciones y andar;
La vida nos llevó a un nuevo lugar,
otros rumbos, diferente caminar.
A pesar de creer que ya no nos conocemos más,
lo que sabemos vos y yo nunca va a cambiar.
1 may 2011
Ya no
Ya no te busco ni necesito encontrarte.
Ya no me importa si fuiste real o un invento, ni si tus palabras fueron sinceras o un poco mentirosas.
Ya no le busco a todo explicaciones ni me desvivo por encontrarle sentido a tus acciones.
Ya no me enredo en tus incoherencias ni me marean tus sinrazones.
Ya no me interesa si por un instante pensas en mi o si te preocupa saber cómo estoy.
Ya no me emociona que te acerques, ni revolucionan el orden de mi vida tus impulsos.
Ya no me emociona que te acerques, ni revolucionan el orden de mi vida tus impulsos.
Ya no necesito tenerte, ni te extraño como antes.
Ya no me angustia tu “nueva vida” ni que digas y hagas lo mismo, o cosas distintas que cuando estabas conmigo.
Ya no me desespero por ayudarte y encontrarle una solución a los "problemas".
Ya no me desespero por ayudarte y encontrarle una solución a los "problemas".
Ya no me preocupan tus decisiones ni me inquietan tus modos de actuar.
Ya no necesito tus besos, ni tus abrazos ni las palabras que me despertaban en las mañanas o que en las noches me invitaban a soñar.
Ya no te idealizo ni te elevo a la perfección, me saqué la venda y sólo veo la realidad.
Quiero otra cosa, algo distinto, que me complemente y que sea de verdad.
Te deseo el bien, la felicidad, que ya no te mientas y vivas de verdad. No hay rencores, en realidad nunca los hubo (me conoces muy bien para saberlo), la decepción ya me abandonó. Estoy libre por dentro, feliz con mi vida, y deseo que vos estés igual.
Los momentos lindos siempre los voy a guardar en mi corazón, y los momentos feos sirven para saber qué no merezco ni quiero, qué tengo que cambiar y en qué quiero mejorar.
Te suelto la mano, sin nostalgia ni tristeza; te dejo ir, aunque ya te fuiste hace mucho; te agradezco por lo que me diste y las veces que estuviste cuando te necesité.
Fue lindo lo que vivimos juntos, una hermosa historia de amor (me tomo el atrevimiento de usar por última vez esa palabra con vos). Esta larga historia se terminó, ya no existe un “continuará”. El tiempo no vuelve atrás, ya no funciona el “flash back”. La novela llegó a su fin y no hay posibilidad de nuevas temporadas, no tendrían éxito. Ya no.
(Como te darás cuenta esto sí es para vos...)
(Como te darás cuenta esto sí es para vos...)
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31 ene 2011
¿Y te quedás sin decir nada?
Hay palabras que saludan, otras que despiden
Palabras que dicen mucho y otras que no dicen nada
Palabras que aman y palabras que odian
Palabras que entristecen y otras que alegran
Palabras que acercan, palabras que distancian
Palabras que duelen y lastiman, y otras que cicatrizan y sanan
Hay palabras que demuestran, otras que ocultan
Hay palabras sinceras y otras mentirosas
Palabras con sentimientos y palabras insensibles
Hay palabras que permanecen, mientras que a otras se las lleva el viento
Palabras que aclaran y otras que confunden
Palabras que no se entienden y otras que no quieren entenderse
Hay palabras que reciben y otras que echan
Palabras que abren caminos, marcan rumbos y fijan destinos
Palabras que recuerdan y otras que olvidan
Hay palabras con sentidos, y otras necias
Palabras que nunca vas a entender, palabras que se explican solas
Hay tantas palabras y a la vez tan pocas, que a veces ni alcanzan y terminas quedándote sin decir nada...
1 ene 2011
¿Qué se hace?
¿Qué se hace cuando no se sabe qué hacer? Cuando cada opción parece incorrecta, difícil y dolorosa? Cuando necesitás tomar una decisión importante pero no te animas por miedo o falta de energía y fuerza?
¿Qué se hace cuando se entra en la desesperación de no encontrar una salida? Cuando se reconoce un problema y la necesidad de ayuda para intentar solucionarlo, pero no se busca?
¿Qué se hace cuando tu plenitud, en parte, depende de decisiones y acciones ajenas que nunca se ponen en marcha?
¿Qué se hace con lo inesperado, con lo que duele, con lo que nunca se cierra ni sana del todo?
¿Qué se hace con el amor cuando se va, con la esperanza cuando se pierde y con la nostalgia cuando se instala?
¿Qué se hace cuando se debilita la coraza y las lágrimas vuelven a caer solas?
¿Qué se hace cuando necesitas ayudar pero no te lo permiten?
¿Qué se hace con las ganas, el deseo y la pasión cuando hay que reprimirlos?
¿Qué se hace con la necesidad de explicaciones, y con la exasperación cuando aparece por no enteder?
¿Qué se hace cuando no se sabe qué hacer? Cuando un "no" oculta un "sí", cuando ese roce necesita ser caricia, cuando los ojos no dejan mentir, cuando la boca actúa por instinto?
¿Qué se hace cuando ya no sabés qué más hacer? ¿Qué se hace? ¿Cómo se hace? ¿Cómo hacés? Por favor, decime cómo hacer para terminar de caer...
6 dic 2010
Me di cuenta...
Me di cuenta de muchas cosas durante este año, o mejor dicho, me di cuenta de muchísimas cosas a lo largo de mi (debo decir) corta vida.
Me di cuenta de que aunque cuesta, duele y es complicado, es hermoso crecer y cada etapa tiene algo especial.
Me di cuenta de que es inevitable el cambio en uno mismo; con las experiencias uno aprende e incorpora.
Pude darme cuenta que hay que darle tiempo al tiempo.
Otra de las cosas que más me costó darme cuenta es que nunca nada vuelve a ser igual después de que se termina. Ni una relación, ni una amistad, nada se repite ni aunque nos esmeremos porque eso suceda. Recién ahora entiendo que eso es maravilloso, porque la vida sorprende y no te deja acostumbrar.
Me di cuenta que a veces se llora confundiendo el motivo por el que se hace. Después de mucho tiempo uno se da cuenta de que no lloraba por lo que pensaba que lo hacía.
Me di cuenta de que no está bueno aferrarse a algo material o humano, no es sano.
Me di cuenta que nunca se termina de conocer a las personas, ni aunque estemos seguros de quién sea.
Me di cuenta que los sentimientos generan contradicciones, y que las personas somos muy cobardes como para darnos cuenta y afrontarlas.
También me di cuenta que un pequeño acto puede lograr grandes cosas, y que muchas veces un gesto dice más que mil palabras.
Me di cuenta que aunque no siempre “cada cual tiene lo que se merece”, a los que hacemos las cosas con amor, esfuerzo y ganas, nos terminan saliendo bien.
Me di cuenta que nadie es perfecto, y que intentar serlo es seguir un camino peligroso que nunca llega a destino.
Pero de lo que más pude darme cuenta es que no se puede andar solo, que siempre hace falta la compañía (no necesariamente física) de una voz amiga, alguien dispuesto e interesado por ayudarnos a caminar mejor.
22 nov 2010
¿Cuándo aprenderé?
Cuándo aprenderé a no decir siempre lo que pienso?
Cuándo aprenderé a no dejarme “cegar” por lo que siento?
Cuándo aprenderé que a veces es mejor callar y sólo escuchar?
Cuándo aprenderé que también el que calla… otorga?
Cuándo aprenderé a no pensar tanto y dejar que las cosas se den solas?
Cuándo aprenderé a no tenerle miedo al futuro?
Cuándo aprenderé a dejar que el tiempo haga su trabajo y cure las heridas?
Cuándo aprenderé a valorarme y hacerme valer un poco más?
Cuándo aprenderé a valorarme y hacerme valer un poco más?
Cuándo aprenderé que a veces es necesario pensar sólo en mí?
Cuándo aprenderé a que no me importe lo que los otros piensan?
Cuándo aprenderé a no esperar algo que nunca va a llegar?
Cuándo aprenderé a no ilusionarme ni soñar tanto?
Cuándo aprenderé a no atarme y dejarte ir?...
6 nov 2010
Sí que me importa
Sí me importa cómo cambiaron las cosas. Sí que me importa...
Sí me importan las cosas que me dijiste y luego olvidaste, claro que me importan.
Sí me importa reemplazarte por la soledad, aunque soy feliz, sí que me importa.
Sí me importa que digas algo y hagas otra cosa, no sabes cuánto me importa.
Sí me importa que lo hayas superado, sí me importa.
Sí me importa que cambies de rumbo.
Sí me importa que no hayas cumplido tus promesas, eso más que nada me importa.
Sí me importa esas dos cajas llenas de recuerdos materiales, su esencia me importa.
Sí me importa verte con otra, por lo que duele me importa.
Sí me importa no ser más “tu amor”, “tu vida” ni “tu princesa”.
Sí me importa que ahora tengas tiempo y lo gastes con otra, por supuesto me importa.
Sí me importa tu falta de cordura que tanto me enloqueció.
Sí me importa que tu cabeza se ocupe con otra, sí me importa.
Sí me importa ya no amarte y sin embargo no poder olvidarte, mucho me importa.
Sí me importa ya no amarte y sin embargo no poder olvidarte, mucho me importa.
Sí me importa verte de lejos y saludarte, sí me importa.
Sí me importa que no me valoraras y te sea fácil olvidarme, claro que me importa.
Sí me importa que ahora los mensajes se los mandes a otra.
Sí me importa que no me hagas partícipe de tus cosas, ni te imaginas cuánto me importa.
Sí me importa salir con otros y no quedarme con ninguno.
Sí me importa no poder dar besos sin sentir, por la bronca que me da me importa.
Sí me importa que tus besos, esos besos, se los des a otra.
Sí me importa que a pesar de tener motivos no pueda enojarme con vos.
Sí me importa que a pesar de tener motivos no pueda enojarme con vos.
Sí me importa cómo me mienten tus ojos, mucho me importa.
Si me importa que tus caricias nazcan por y para otra.
Si me importa que tus caricias nazcan por y para otra.
Sí me importa que me hayas jurado que nunca iba a existir otra, sí que me importa, porque ahora ya existe otra… pero aunque no existiera, y creo que de hecho no existe, lo que más me importa es saber que no hiciste ni hacés nada para que la hisotria tenga el final bueno que se merece. Ni te imaginás cuánto me importa...
5 nov 2010
Ayer te sentí
Ayer te sentí y te extrañé, una vez más. Quizás por lo particular de la situación, quizás por lo sensible que estoy, o por lo nostálgico que estaba el nonno; pero te sentí.
Pasé por el living y se me cayó tu foto, la recogí, la miré y no pude evitar sentir bronca llena de egoísmo por no haberte tenido un tiempo más conmigo, ese tiempo en el que me habrías dado consejos CORTOS y JUSTOS, como siempre.
Te necesité cuando se rompió mi corazón, perdí a mi primer amor y vos no estabas para abrazarme y hacerme entender todo, como cuando en esa oportunidad me ayudaste a darme cuenta de que estaba enamorada y tenía que vivir eso que sentía. Te sigo necesitando, ahora más que nunca que todo sigue su curso, hasta la vida feliz pero un poco mentirosa que llevo, algo me falta y no sé qué es, quizás sí lo sé pero no quiero admitirlo; no importa, te necesito. ¿Sera mucho pedir que seas vos la que me de las respuestas que no encuentro? ¿Es imposible que vos me ayudes a elegir cómo seguir mi vida, con quién? ¿Es descabellado pedir que me ayudes a no tener esta tristeza cuando veo y/o me cuentan cosas que me duelen y dan bronca? ¿Por qué no puede ser? Ah, claro, vos ya no estás acá. Pero te siento, ¿eso no es suficiente?
A veces a mi me pasa lo mismo que al nonno: me voy a dormir y te pregunto a vos o a mi querida abu, dónde están y si están bien; pero llegué a la misma conclusión que él: supongo que algún día, pronto, lo sabré. Pero no, que no se entere pronto, no lo vengas a buscar ahora porque estoy pasándola muy bien con él, compartimos momentos que nunca antes habíamos compartidos, no podría soportar otra pérdida más en este momento de mi vida.
Es mentira lo que le dije ayer al nonno cuando me contó que a veces te pide que te aparezcas en sueños, yo tampoco sé por qué no lo haces como lo hacía tu mamá con vos, yo también quiero que de vez en cuando te me aparezcas y me digas cosas que nadie más me sabe decir, necesito nuestras charlas concisas. Te necesito, TODOS te necesitamos con tu bandera de "Paz familiar".
Te extraño, te necesito, te quiero ver, sentir más de cerca, hablarte, pedirte opiniones, contarte logros y fracasos, escuchar tus consejos, que me guardes mis secretos, que te alegres con mis buenas noticias y me calmes el llanto en los momentos tristes; TE QUIERO ACÁ!
Pasé por el living y se me cayó tu foto, la recogí, la miré y no pude evitar sentir bronca llena de egoísmo por no haberte tenido un tiempo más conmigo, ese tiempo en el que me habrías dado consejos CORTOS y JUSTOS, como siempre.
Te necesité cuando se rompió mi corazón, perdí a mi primer amor y vos no estabas para abrazarme y hacerme entender todo, como cuando en esa oportunidad me ayudaste a darme cuenta de que estaba enamorada y tenía que vivir eso que sentía. Te sigo necesitando, ahora más que nunca que todo sigue su curso, hasta la vida feliz pero un poco mentirosa que llevo, algo me falta y no sé qué es, quizás sí lo sé pero no quiero admitirlo; no importa, te necesito. ¿Sera mucho pedir que seas vos la que me de las respuestas que no encuentro? ¿Es imposible que vos me ayudes a elegir cómo seguir mi vida, con quién? ¿Es descabellado pedir que me ayudes a no tener esta tristeza cuando veo y/o me cuentan cosas que me duelen y dan bronca? ¿Por qué no puede ser? Ah, claro, vos ya no estás acá. Pero te siento, ¿eso no es suficiente?
A veces a mi me pasa lo mismo que al nonno: me voy a dormir y te pregunto a vos o a mi querida abu, dónde están y si están bien; pero llegué a la misma conclusión que él: supongo que algún día, pronto, lo sabré. Pero no, que no se entere pronto, no lo vengas a buscar ahora porque estoy pasándola muy bien con él, compartimos momentos que nunca antes habíamos compartidos, no podría soportar otra pérdida más en este momento de mi vida.
Es mentira lo que le dije ayer al nonno cuando me contó que a veces te pide que te aparezcas en sueños, yo tampoco sé por qué no lo haces como lo hacía tu mamá con vos, yo también quiero que de vez en cuando te me aparezcas y me digas cosas que nadie más me sabe decir, necesito nuestras charlas concisas. Te necesito, TODOS te necesitamos con tu bandera de "Paz familiar".
Te extraño, te necesito, te quiero ver, sentir más de cerca, hablarte, pedirte opiniones, contarte logros y fracasos, escuchar tus consejos, que me guardes mis secretos, que te alegres con mis buenas noticias y me calmes el llanto en los momentos tristes; TE QUIERO ACÁ!
3 nov 2010
Chau impulsividad!
Es un hecho, perdí la impulsividad. Muchos pensaran que es algo positivo el no ser impulsivo (y en parte debo admitir que lo es) pero no está bueno para alguien como yo que pasó toda su vida (o mejor dicho, la mejor parte de su vida) haciendo lo que sentía cuando lo sentía. Y que eso, en ALGÚN momento, le trajo mucha satisfacción y felicidad. Pero ya no más, ya no soy así, ¿cómo y cuándo me di cuenta? Hoy a la mañana en la parada del colectivo (creo que eso fue lo más patético). Estaba charlando con una vecina que me había encontrado y en eso veo que en la otra cuadra estaba parado en el semáforo que coincide con su parada, un bondi VACÍO a las 8 a.m. que tiene el mismo recorrido que el que yo estaba esperando; se lo comenté a mi vecina y me dijo: "Andá, cruzá y tomate ese", y yo empecé a dudar, volví a hacer lo que tanto detesto: dudé, dudé y seguí dudando, cuestionándome si me convenía cruzar y tomarme ese, o si no; las palabras de mi vecina fueron tan profundas como tajantes: "Dale, jugate". En ese momento (hablamos de instantes, claro) la miré, miré el colectivo, y me di cuenta que no me quería jugar, que tenía miedo, que prefería quedarme en lo "seguro" que arriesgarme y quedarme “sin el pan y sin la torta”. Así fue como el semáforo cambió de rojo a amarillo y de amarillo a verde, el bondi arrancó, siguió su recorrido y unos minutos después llegó el otro colectivo, al que había decidido esperar, REPLETO d gente (como era de suponerse).
Estuve todo el viaje preguntándome qué me había pasado, porque al margen de que ése había sido un hecho insignificante, después reflexioné sobre diversos aspectos de mi vida en los que me pasa lo mismo, y me comencé a preocupar. Las palabras de mi vecina me atormentaban: "Dale, jugate". Y no, ya no me puedo jugar más, tengo miedo, dudo, me da inseguridad. ¿Por qué será? ¿Cuándo fue que cambié? Será acaso por el hecho de que las últimas veces en que hice lo que sentía y me la "jugué" me di la cabeza contra la pared sin piedad, o porque es parte de CRECER? No lo sé. Lo único que tengo en claro es que ya no soy impulsiva, y no sé si algún día lo podré volver a ser…
Estuve todo el viaje preguntándome qué me había pasado, porque al margen de que ése había sido un hecho insignificante, después reflexioné sobre diversos aspectos de mi vida en los que me pasa lo mismo, y me comencé a preocupar. Las palabras de mi vecina me atormentaban: "Dale, jugate". Y no, ya no me puedo jugar más, tengo miedo, dudo, me da inseguridad. ¿Por qué será? ¿Cuándo fue que cambié? Será acaso por el hecho de que las últimas veces en que hice lo que sentía y me la "jugué" me di la cabeza contra la pared sin piedad, o porque es parte de CRECER? No lo sé. Lo único que tengo en claro es que ya no soy impulsiva, y no sé si algún día lo podré volver a ser…
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